El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó un Informe sobre Desarrollo Humano para América Central 2009-2010. El Informe lleva por título “Abrir espacios para la seguridad ciudadana y el desarrollo humano”.
El informe aborda desde una perspectiva integral la seguridad ciudadana como una de las mayores preocupaciones de la población de Centroamérica. Y es que América Central se ha convertido en la región del mundo con mayores niveles de violencia ordinaria. Según los datos del Informe, unas 79.000 personas han sido asesinadas en la región en los últimos 6 años. A pesar de las diferencias notables entre países, la tasa promedio de homicidios para 2008 fue de 33 asesinatos por cada cien mil habitantes, tres veces mayor que el promedio mundial. El llamado Triángulo Norte (Belice, Guatemala, El Salvador y Honduras) presenta los peores datos de violencia.
Según el Informe, “las altas tasas de criminalidad (sobre todo en el Triángulo Norte) se deben a la superposición de intensos desajustes en varios subsistemas sociales (familiar, laboral, económico, político, cultural e institucional) agravados por la globalización (o forma de inserción económica, política y cultural de Centroamérica en el orden mundial)”.
Nicaragua, en el concierto centroamericano, es un país de violencia moderada y además estable. Si se recuerda su pasado de conflictos, este es un hecho alentador, aunque vale repetir que aun los países más “pacíficos” de América Central tienen más homicidios que la media del mundo.
Tasas de denuncias por países y años
El 75% de los hombres, y el 76% de las mujeres de Nicaragua creen que el nivel de delincuencia actual representa una amenaza para el bienestar del país. “Nosotros (los nicaragüenses) no podemos estar ufanándonos de que somos el país más seguro midiéndonos con los demás”, expresó Irving Dávila, de la comisión de gobernabilidad de la Coordinadora Civil, en declaración al diario La Prensa (oct. 2009).
Otros aspectos que contribuyeron a que en Nicaragua no existan los mismos niveles de violencia juvenil que en el resto de la región han sido: la entrada tardía del narcotráfico y del tráfico de armas y de los procesos de debilitamiento institucional, debido a la guerra de los años 1980, la secuela positiva de la Revolución Sandinista en la creación de redes sociales, y la existencia de una Policía Nacional con un perfil de servicio y de integración en la comunidad, abierta a incorporar un enfoque preventivo en su actuación.
Y un par de reflexiones para terminar: el Informe resalta que el problema de la inseguridad SÍ tiene soluciones conocidas; y que para mejorar la situación el dinero es importante pero no lo es todo. La imaginación es poderosa y también mucho más barata: “a diferencia de otros países de la región, desde fines de los años 1990 la violencia juvenil en Nicaragua ha sido enfrentada con políticas de prevención en lugar de las medidas de mano dura. Estas políticas han sido ejecutadas principalmente por la sociedad civil y más tarde por la Policía Nacional, al crearse el Departamento de Asuntos Juveniles”.